Los devastadores efectos económicos de la pandemia Covid-19 han demostrado la enorme vulnerabilidad que representa depender de cosas tan esenciales y críticas para la seguridad nacional de nuestros países como la alimentación y los productos básicos que se importan del país que infectó al mundo de este mortal virus que está matando a millones de personas y destrozando a todas las economías del mundo. Estamos hablando de China.

China ha tenido un enorme crecimiento en su base industrial en los últimos 20 años en detrimento de las bases industriales de todos nuestros países, incluyendo a Estados Unidos. En nuestras naciones, miles de empresas y millones de valiosos empleos se han perdido, como consecuencia de que tenemos décadas de promover políticas económicas de eficiencia y precio, sobre la autosuficiencia y seguridad nacional y de que millones de los nuestros tengan trabajos dignos en nuestras industrias.

Esto se debe a que, en vez promover la fabricación de productos hechos en nuestros países, hemos impulsado -vía un proceso de globalización desmedido- que la mayoría de los artículos que consumimos en nuestros países sean fabricados en China. A pocos nos ha importado que China proteja su industria a través de numerosas políticas de incentivos tributarios, al mantener subvaluada su moneda y al permitir que millones de trabajadores no ganen un salario justo y que muchos de ellos vivan en condiciones paupérrimas.

Esta dependencia de China está causando graves problemas en la seguridad nacional de todos los países del mundo, incluyendo todos los nuestros. Un clásico ejemplo es el de Francia.

De acuerdo con un artículo publicado en The New York Times el 17 de mayo del presente año, Francia se ha convertido en un caso de estudio sobre cómo algunos países están reconsiderando su dependencia de las cadenas de suministro globales construidas durante las últimas dos décadas con el mantra de los bajos costos y la entrega rápida. Esto se debe a que Francia no puede asegurar suficientes suministros en las próximas semanas para protegerse contra una posible segunda ola del virus.

La cuestión de las existencias estratégicas y de los suministros seguros debe ser reconsiderada. “Hay que inventar un nuevo modelo”, declaró Louis Gautier, exdirector de la Secretaría General de Defensa y Seguridad Nacional, una poderosa unidad interministerial del gobierno francés. Según el señor Gautier, las políticas pasadas han dejado a Francia, dependiente de fábricas extranjeras a miles de kilómetros de sus fronteras e incapaz de aumentar la producción nacional de máscaras faciales, kits de prueba, ventiladores e incluso los termómetros y medicamentos de venta libre para reducir la fiebre para calmar a los enfermos.

Los efectos de importar productos de países que no cumplen con los protocolos de libre comercio y aprovechan la debilidad de nuestras naciones que les permiten hacer dumping social ha puesto en grave peligro el futuro de miles de miembros de las fuerzas de riesgo, que a diario exponen sus vidas para ayudar a nuestros pueblos. Tal ha sido el caso de las compañías productoras de cemento en Panamá, que han sufrido las consecuencias de las importaciones de países como China y Turquía, los cuales han hecho un dumping social en cemento.

Datos antes de la pandemia demuestran que la industria productora de cemento en Panamá generaba unos 4.000 empleos y contribuía con más de 44 millones de dólares anuales en impuesto sobre la renta (ISR). En los últimos años, esta industria ha visto una disminución en toneladas métricas de hasta un 14% de su producción, debido a las importaciones de cemento y a una disminución de proyectos.

La falta de regulación de este producto tan esencial para el país deja repercusiones para una economía en desarrollo como la panameña y se manifiesta a través de la reducción de la recaudación fiscal, pérdida de empleos y desinversión en proyectos sociales, entre otros.

La manufactura sólo representa un 5% del PIB de Panamá. Se podría pensar en una meta tangible de duplicar dicho porcentaje en los próximos años, lo cual traería beneficios al país.

La pandemia existente ha demostrado que esta ‘chinatización’ o globalización está conduciendo a la incursión desmedida de enfermedades transmisibles, muchas de ellas mortales, como el Covid-19 o el VIH/ SIDA, las cuales están siendo propagadas por el mundo, ya que en esa nación asiática las normas de seguridad parecen ser ignoradas para producir bienes baratos.

La fabricación de productos en China pone nuestras tecnologías en riesgo de ser copiadas o robadas, lo que de hecho está sucediendo desde hace décadas.

En Estados Unidos, la administración del presidente Donald J. Trump y de ambas Cámaras Legislativas, Senado y Congreso, han tomado cartas en el asunto, al estar más que claros de que la globalización y ‘chinatización’ desmedida ha causado un enorme daño al pueblo norteamericano y a la economía del país. Lo interesante es que ambos partidos, tanto el Republicano como el Demócrata, están unidos en este sentimiento. Es más fácil tener una conversación política cuando existe un enemigo común y ese enemigo tiene nombre y apellido: China.

El 3 de noviembre próximo serán las elecciones presidenciales en Estados Unidos, y se desconoce quién va a ganar. En el caso de ganar el ex Vicepresidente Joe Biden, se cree éste continuaría acciones similares a las del Presidente Trump con respecto a China, aunque con un tono mucho menos agresivo y confrontativo. Tal vez la principal diferencia radique en que Biden intentará crear una coalición internacional que contrarreste a China, evitando actuar de forma unilateral.

Biden será capaz de enfocar su discurso en temas relacionados a los derechos humanos, el medio ambiente, respeto a la propiedad intelectual, y el autoritarismo que ha forjado Beijing con respeto a Hong Kong, entre otros temas. Pero por otro lado, Biden es consciente de que también se va a requerir cooperación de China para afrontar temas como el surgimiento de armas nucleares en Corea del Norte y la amenaza de conflictos bélicos en el Mar del Sur de China.

Lo que ha sido claro desde que comenzó la globalización es que ésta creó enorme riqueza en China y pobreza en nuestros países. La pregunta es: ¿por qué pasó esto?

Aquí las respuestas:

Falta de liderazgo de los principales líderes del mundo para enfrentar a los países como China que han hecho trampa y violado todos los tratados comerciales que han firmado, manipulando su moneda para obtener una ventaja de precio injusta que aumenta sus exportaciones y disminuye sus importaciones. Esto es ilegal de acuerdo con las normas de la Organización Mundial de Comercio (OMC). Por eso, existe una base legal sólida para imponer algún tipo de impuesto o salvaguarda a las importaciones chinas en nuestros países.

Falta de visión de los gobiernos para desarrollar planes concretos y equilibrar los enormes déficits comerciales de las balanzas de pagos de sus países con la China. Estados Unidos ha tenido varios déficits en su balance comercial por décadas. El primer presidente de ese país en enfrentarlos fue Donald J. Trump, quien ha dicho que el déficit comercial es el mayor asesino laboral de la economía, en especial de los trabajos de manufactura.

Hacer que China cumpla las leyes de comercio pactadas. Está más que demostrado que China ignora las reglas comerciales y las leyes de la OMC. También, China manipula su moneda, subsidia y da enormes recursos a sus empresas estatales y hace dumping social, practica mano de obra más barata, pagando salarios paupérrimos, sin derecho a la salud y en condiciones casi inhumanas. China se roba también las tecnologías de nuestros países, vende versiones falsificadas de productos patentados e impone aranceles y barreras a los productos de nuestros países.

El presidente Donald J. Trump, durante la campaña presidencial del 2016, denunció las políticas de China de subsidiar sus exportaciones hacia Estados Unidos, lo cual crea un enorme desbalance comercial entre los dos países que destruyó miles de empresas y fue la causa de despidos masivos en la fuerza laboral industrial del país. Por eso, días después de haber asumido la presidencia, el señor Trump inició una gran campaña para quitarle a China su posición dominante en la manufactura mundial.

Trump, quien ha sido acusado de intervencionista, algo raro por ser miembro del Partido Republicano, impuso una serie de aranceles a numerosos productos chinos como parte de su política económica “América Primero” para reducir de forma sustancial el déficit comercial de los Estados Unidos con China. Trump impuso un arancel del 25% sobre aproximadamente US$250.000 millones producto de importaciones procedentes de China.

El sentimiento del pueblo de Estados Unidos hacia China a raíz de la pandemia del Covid-19 se ha evidenciado en manifestaciones de boicot de productos chinos y en una serie de iniciativas en ambas Cámaras de Estados Unidos, tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado.

Los poderosos senadores Marco Rubio (R-FL), Rick Scott (R-FL) y Tom Cotton (R-Ark) han estado empujando sus visiones y políticas para establecer vía legislación cómo contener la amenaza que representa China ante los intereses de seguridad nacional al controlar la cadena de suministro de casi todas las industrias de Estados Unidos.

El presidente Trump y los senadores mencionados opinan que Estados Unidos necesita fortalecer sus industrias, disminuyendo así la dependencia en productos hechos en China y, de esa forma, mejorar la seguridad nacional del país. Podemos añadir, que está más que comprobado que tener una base de fabricación dinámica genera más investigación y desarrollo, innovación, productividad, exportaciones y trabajos directos e indirectos de clase media. La fabricación ayuda a elevar el nivel de vida más que cualquier otro sector y crea más actividad económica que otros sectores de la economía.

El senador Cotton ha estado detrás de una ley conocida como la Forging Operational Resistance to Chinese Expansion Act (Ley para Forjar la Resistencia Operativa a la Expansión de China, en español), conocida como Force. Este proyecto de ley protege la base industrial de defensa de Estados Unidos, especialmente a los pequeños proveedores y fabricantes, de las consecuencias negativas del Covid-19, al que el senador Cotton bautiza como “el Virus Chino”.

Force es un llamado a Washington a proteger sus industrias a través de grandes inversiones en la capacidad industrial del país, así como de la reconstrucción de las fuerzas militares en el Pacífico, evitando así frustrar el principal objetivo geopolítico del Partido Comunista de China de expulsar a los Estados Unidos del Pacífico Occidental, intimidar a sus vecinos y lograr la unificación a través del estrecho con Taiwán por medio de la fuerza militar.

Dentro del libro de jugadas (playbook) que está utilizando Washington para fortalecer su base industrial y mejorar la seguridad nacional están:

  • Crear órdenes ejecutivas firmadas por el presidente Trump, que requieren más producciones domésticas de bienes necesarios para garantizar la seguridad nacional bajo la “Ley de Producción de Defensa” de la era de la Guerra de Corea”.
  • Desarrollar una estrategia de repatriación de industrias establecidas en China.
  • Otorgar incentivos fiscales y de impuestos federales, estatales y municipales para todas las industrias que se devuelvan a Estados Unidos.
  • Crear una ley de incentivos de compra de productos hechos en Estados Unidos, en específico cuando el gobierno federal está detrás o brindando financiamiento.
  • Establecer barreras comerciales como impuestos y salvavidas a productos en los que obviamente China está haciendo dumping social.
  • Ejercer un estricto control del cumplimiento de los tratados comerciales.
  • Quitar incentivos de impuestos a multinacionales que invierten en China, llevándose trabajos de Estados Unidos.
  • Volver a convertir a Estados Unidos en el país líder en tecnología, comunicaciones, transporte y aeroespacial.
  • Instruir al Departamento de Justicia para que investigue los crímenes corporativos realizados por empresas chinas que roban las tecnologías de nuestros países y que venden versiones falsificadas de productos patentados.
  • Quitarle el control a China de la Organización Mundial de Comercio.
  • Ponerle atención a las intenciones de expansionismo chino, que atrapa a los países más pequeños del mundo en un estado de vasallaje económico permanente.
  • Ponerle un alto a la explotación de la corrupción política para tender trampas de deuda, desangrar a los países pequeños y luego secuestrar sus recursos naturales, infraestructura doméstica y económica.
  • Tener una relación balanceada de comercio con China, en la cual los productos de Estados Unidos y de nuestros países compitan en los mismos términos y condiciones que los productos chinos.

Por su parte, el ex Vicepresidente Biden ha hecho de la estrategia “Made in America” el corazón de su programa económico y habla también de “recuperar las cadenas de suministros claves a Estados Unidos, de modo que no se dependa de China o de ningún otro país para la producción de artículos cruciales en tiempos de crisis”.

Esto se debe en gran parte a la carencia de equipos médicos que muchos países en el mundo han sufrido durante la pandemia. Biden acusa al régimen chino de “continuar con sus abusos comerciales”, y promete “mano firme” contra las empresas que etiquetan de forma errónea sus productos como fabricados en EE.UU., cuando proceden de China. Además, advierte de que China se encuentra en la senda para superar a Estados Unidos en Investigación y Desarrollo, en especial en productos tecnológicos.

China es importante para nuestros pueblos y países. Sí hay que tener claro que las últimas décadas de libertinaje económico de China, han hecho que nuestros países se conviertan en más pobres, mientras que ese país se ha enriquecido con nuestro sudor y lágrimas.

Nuestros gobernantes, en especial los de América Latina, deben proteger nuestras industrias ya que, al hacerlo, benefician a su gente. Inclusive, esto puede representar una oportunidad para los países de Centroamérica, Panamá y el Caribe, debido a su cercanía a los Estados Unidos.

Una base industrial fuerte es la llave de un país sólido con autosuficiencia en industrias claves, condiciones elementales para el bien común de nuestros pueblos. Lo que hagamos al respecto definirá nuestro futuro en todo el siglo 21 que apenas comienza.

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