Si anteriormente los celulares eran considerados una “extensión” del cuerpo humano, la nueva normalidad reforzó la dependencia a las pantallas y trajo aparejada una gran naturalización de la vigilancia, la intromisión a la privacidad y el uso de los datos sin consentimiento por parte de las principales grandes empresas tecnológicas.

Algunos terminaron de convencerse de que la hiperconectividad es una gran solución a varios problemas cuando pudieron verle el rostro a ese familiar lejano. Es que, sin dudas, algo que vuelve a las empresas de tecnología tan poderosas es la utilidad efectiva de sus productos y servicios. Cada vez les damos más datos sin preguntar por qué y hasta dependemos de ellas por cuestiones laborales. ¿Pero es solamente la utilidad efectiva lo que sostiene tal entramado de poder?

Natalia Zuazo asegura que además hay una cuestión estructural que determina esa acumulación de poder en pocas manos: la lógica del capitalismo de plataformas. Hablamos de cinco grandes empresas: Google lidera en el mercado de los datos (emails, mapas, el entorno cotidiano del usuario) Facebook en el mercado de las noticias y en general en el mercado del entretenimiento, de la atención, Amazon en el mercado electrónico y a nivel local, Mercado Libre; y por último, Microsoft en los sistemas operativos y en el mercado de la educación.

Sobre el significado de la lógica estructural mencionada anteriormente, Zuazo explica que “cuando una plataforma domina un mercado, también domina los datos que se generan allí y con estos datos puede entender el comportamiento de los usuarios. A partir del análisis del comportamiento de esos usuarios, puede vender productos y servicios relacionados”. Es decir que las plataformas predicen los gustos y deseos de los usuarios, para saber exactamente qué ofrecerle a qué persona luego.

Nos miran

Seguramente les pasó alguna vez: luego de mencionar algún producto en una conversación, automáticamente aparecen promociones de ese producto en otras plataformas. Sobre este fenómeno, la especialista en política y nuevas tecnologías expresa que “hay un punto en el cual, cuantas más personas las usan, empiezan a tener más datos, con capacidad de análisis y en cada uno de los mercados se vuelven monopólicas. Entonces hay una cuestión de utilidad pero también de lógicas económicas y tecnológicas que influyen a la hora de que sean tan poderosas”.

Otro factor a tener en cuenta es que estas lógicas están acompañadas de estrategias de marketing. Natalia advierte que “se encargan de presentarse como solucionadoras de problemas y como no responsables de muchas consecuencias que generan y como no responsables de otras prácticas, que producen que sean monopolios. Por ejemplo, tienen un gran poder concentrado respecto a la información, respecto al discurso, filtran muchísimo contenido. Tienen poder respecto de la organización de la información que vemos en internet, en regular la palabra en el discurso de odio”.

También se encargan de la «Autoregulación», es decir que se encargan de generar sus propias reglas cuando hay algún tipo de consecuencia negativa pero generalmente no hablan de eso. Zuazo profundiza reflexionado que “recién ahora se está hablando un poco acerca de preguntarnos cómo funcionan los algoritmos, pero quienes investigamos esto hace 10 años o más venimos hablando de que estas empresas no pueden simplemente dominar las tecnologías pero no hablar de cómo lo hacen”.

Sobre el final, concluyó que “sin dudas debemos politizar las tecnologías debemos decidir en cada uno de nuestros países, para qué queremos utilizar cada tecnología y a partir de eso debemos darle un marco. Las tecnologías son relaciones sociales en diferentes momentos sociales, por lo tanto, tenemos que hablar en plural. Tienen formas de regulación en tanto afectan los derechos de las personas. No es lo mismo contratar un software privado para un programa educativo, que construir nuestro propio software o hardware y distribuirlo, de qué formas, bajo qué manera. O si planteamos a nuestras plataformas cambiar de reglas”.

Un escenario bajo norma

Consultada sobre el escenario actual en materia de regulación, Natalia Zuazo, autora de los libros Guerras de Internet y Los dueños de la Internet, opinó que “muy paulatinamente los legisladores comienzan a tener conciencia de que en realidad se trata de derechos que tenemos que poder defender. Pero para que eso se efectivice, de la misma manera que los políticos, los legisladores (que tienen asesores en salud, educación y seguridad) deben tener también asesores en tecno-política que es este cruce entre política y tecnología”.

Efectivamente hay varias formas de regular las tecnologías. Según la experta, pueden adaptarse a regulaciones que ya existen porque son tecnologías nuevas que deban adecuarse a un entorno de derechos preexistente. En el caso donde no existan regulaciones, se debe generar en ese entorno de derechos la nueva regulación, esa es la segunda opción. En general tenemos regulación para la mayor parte de los casos. En el caso de los datos personales tenemos una ley de datos personales en la Argentina desde el año 2000.

El camino es hacia la regulación de las tecnologías pero fundamentalmente, también hacia fortalecer la innovación. Necesitamos innovar, sobre todo si es en un país como Argentina en donde tenemos que pensar cuáles son las políticas tecnológicas que nos convienen, desde una perspectiva de unidad de soberanía. Una política tecnológica que conviene tener a mano, según nuestra matriz productiva y lo que necesitamos para nuestros desarrollos. Hay que tener muy presente que cuando somos usuarios digitales también somos ciudadanos digitales.

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