Para emprender se necesita un objetivo pero es un acto meramente subjetivo. Implica pasión, alma, corazón, intuición y también talento, capacidades potenciadas y mucho autoconocimiento.

No se trata de un camino espiritual pero lo parece, y de ahí la importancia del autoconocimiento. Si uno no se conoce bien o se engaña, las chances de éxito del emprendimiento se reducen drásticamente.

El autoconocimiento es el resultado de un proceso reflexivo mediante adquirimos noción de nuestra personalidad, cualidades y características.

El proceso de autodescubrirse atraviesa diversas fases, como la autopercepción, autobservación, memoria autobiográfica, autoestima y autoaceptación.

Es un ejercicio constante que nos acerca a la conciencia de nuestro potencial real y nos posiciona con honestidad frente a nuestras fortalezas y debilidades tangibles.

El emprendedor que tiene un conocimiento sincero de sí mismo corre con ventaja porque apuesta en concreto y no le deja al azar nada lo que no le corresponda.

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