“Todos los hombres estamos llenos de flaquezas y de errores, y debemos perdonarnos recíprocamente nuestras necedades, pues esta es la primera ley de la naturaleza”: Voltaire.

“Es una vida que se perdió sin necesidad; a los muchachos les estaban pidiendo volver a sus casas, y ellos —los jóvenes—, en un acto de intolerancia, atacaron a los policías y mire lo que pasó”, dijo uno de los vecinos del lugar. 

La información la reportó Alicia Liliana Méndez, redacción judicial del periódico El Tiempo, el 20 de abril, en plena cuarentena por la pandemia. Así inicia Méndez su reporte: “El patrullero de la Policía Carlos Alberto León fue asesinado con su propia arma de dotación, ese fin de semana, en Mesitas del Colegio, Cundinamarca”.  

Continúa la cronista: “León y su compañero fueron llamados por la comunidad para atender una denuncia sobre un grupo de jóvenes que estaba violando el aislamiento obligatorio y al parecer eran consumidores de droga. Al llegar al punto, como quedó en evidencia en varios videos grabados por los ciudadanos, se ve que los uniformados fueron agredidos por los jóvenes con armas blancas, y en medio de la situación el patrullero León fue desarmado por uno de ellos, quien le disparó”.

Otra noticia, de la segunda semana de septiembre, reportó un caso contrario, cuando la intolerancia de 2 agentes acabó con la vida de Javier Ordóñez. El inicio de su asesinato fue visto por muchos colombianos, pues la paliza que recibió fue divulgada por las redes sociales. Lo que pasó en la estación de Policía a donde fue conducido planteó muchos interrogantes sobre el actuar de los uniformados.

Además de estos 2 casos, sigue una larga lista de actores sociales en los que la intolerancia está presente: El primer núcleo social, la familia, está pletórico de atropellos de padres a hijos y de estos a sus progenitores. En los escenarios educativos, desde la primaria hasta la universidad, abundan estas conductas en todas las direcciones: docentes, dicentes y padres de familia, forman un triángulo que encierra muchas pugnas, y en algunos casos, termina incluso en homicidio. Igual pasa en el hogar. ¿Si esto pasa en espacios, como se dice, formadores del ciudadano, ¿qué se puede esperar de la sociedad y sus gobernantes? 

¿Qué se entiende por tolerancia?

¿Pero qué se entiende por tolerancia? La Real Academia Española de la Lengua, presenta varias acepciones:1- Llevar con paciencia. 2- Permitir algo que no se tiene por lícito, sin aprobarlo expresamente. 3- Resistir, soportar, especialmente un alimento o una medicina. 4- Respetar las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias. Este último punto es el que refleja buena parte de los problemas asociados a la intolerancia.

Uno de los pensadores clásicos que aportó ideas para la comprensión de este término, fue François-Marie Arouet, (París, 1694 – 1778), más conocido como Voltaire. Fue uno de principales pensadores de la época de la Ilustración, y entre sus textos nos legó: Tratado sobre la tolerancia, que debiera ser de obligatorio estudio en la educación básica y universitaria, sin ser necesaria una cátedra sobre este tema, idea tan común en los ‘ilustres’ ‘orientadores’ de la educación en Colombia, que creen resolver los problemas de la sociedad imponiendo asignaturas. Para Voltaire, la tolerancia es un derecho natural y humano y consiste en el principio: “No hagas lo que no quisieras que te hagan”. Promovió el respeto a la diferencia, al pluralismo ideológico y religioso. Dejó claro que el valor ético de la tolerancia se concibe como un imperativo categórico de la vida civil. Luchó contra la intolerancia y concibió los dogmas como un absurdo moral. Su única arma de combate fue la ironía filosófica. Afirmó que la tolerancia se funda en el ideal del respeto mutuo entre los individuos. 

Este pensador francés defendió el derecho de conciencia. Prefirió la “fuerza de la razón” a la “razón de la fuerza”, a través del ejercicio del sentido común, la prudencia y el respeto a las concepciones del otro, concibiendo la moral social por encima de los dogmas religiosos. Propuso ser intolerantes con la intolerancia, aseverando que si se es tolerante con los intolerantes no quedaría espacio para la convivencia, donde podamos defender nuestros puntos de vista. Pensando en la guerra, la pandemia mayor de los colombianos, expresó: “La tolerancia no ha provocado nunca ninguna guerra civil; la intolerancia ha cubierto la tierra de matanza”.

La ONU orienta sobre prácticas tolerantes

Ante los grandes problemas que origina la intolerancia, la ONU tiene su posición ante este flagelo de la humanidad. Por eso, en 1995 estableció el Premio Unesco-Madanjeet Singh de Fomento de la Tolerancia y la no Violencia, como reconocimiento a Mahatma Gandhi, así como a las personas, instituciones no gubernamentales y otras entidades que realzan contribuciones excepcionales y son líderes en la promoción de la tolerancia y la no violencia. Por otra parte, el 16 de noviembre fue declarado como el día internacional de la Tolerancia.

En su página web, la ONU manifiesta que la tolerancia implica respeto, no indulgencia ni indiferencia. Y formula varios puntos sobre cómo enfrentar la intolerancia. Luchar contra ella exige un marco legal: Los gobiernos deben establecer las leyes sobre derechos humanos, prohibir los crímenes y las discriminaciones contra las minorías y garantizar un acceso igualitario a los tribunales. 

Luchar contra la intolerancia exige educación: la intolerancia nace a menudo de la ignorancia, del miedo a lo desconocido y de un sentido exagerado del valor de lo propio. Por eso, es necesario educar sobre el tema y enseñar la tolerancia y los derechos humanos a los niños. Asimismo, implica acceder a la información, porque la intolerancia es más peligrosa cuando se usa con fines políticos o territoriales. Se usan argumentos falaces, se manipulan los hechos, las estadísticas y se miente a la opinión pública. La mejor manera de combatirlo es promover normas que protejan el derecho a la información y la libertad de prensa.

También se requiere una toma de conciencia individual: La intolerancia en la sociedad es la suma de intolerancias individuales. Por eso, debemos examinar nuestro papel en el círculo vicioso que lleva a la desconfianza y violencia en la sociedad. 

La intolerancia exige soluciones locales: los problemas que nos afectan son cada vez más globales pero las soluciones pueden ser locales, casi individuales. Todos formamos parte de la solución. La no violencia puede ser una herramienta muy efectiva para confrontar un problema, crear un movimiento, o demostrar solidaridad con las víctimas de la intolerancia.

Colombia, urgida de tolerancia

Releyendo las orientaciones de la ONU, se puede inferir que uno de los principales problemas de nuestro país en la lucha contra la intolerancia está en el propio gobierno. ¿Acaso las minorías no son discriminadas? Recordemos cuál fue el trato que le dio, en cabeza del presidente, a la pasada minga. Si se mira hacia el Chocó, se observa el abandono de las negritudes, Igualmente hay desidia con los grupos humanos que viven en el Amazonas y el Putumayo, por citar solo 3 casos. Y si se enseñan las mentiras de los gobernantes, no saldrán bien librados.

Además, desde hace varias décadas, el país ha vivido sumergida en la violencia de todo tipo: desde la que deja muertos, desplazados y despojo de tierras. Es tal esta situación en Colombia, que sus estudiosos plantean que se tiene una o varias generaciones de una “cultura traqueta”, pues cualquier desavenencia se resuelve con el sicariato. La administración de turno —sin vergüenza— afirmó en agosto que durante su gobierno van 37 “homicidios colectivos”, como eufemísticamente denominó las masacres colectivas. La tolerancia de la sociedad colombiana ha sido de tal magnitud, que somos lo que han querido la clase dominante y las mafias.  

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