Si bien es común que se asocie el desarrollo emprendedor con la universidad, expertos concuerdan en que este acercamiento debe darse de forma transversal desde la edad prescolar hasta la etapa laboral.

La pandemia ha mostrado que la forma estática de pensar los modelos de negocio no funciona en un mundo dinámico y eso tiene que ver tanto con la forma en la que se educa para sortear problemas, como con las políticas públicas al respecto.

Los esfuerzos desde el Gobierno para fomentar el pensamiento emprendedor no son nuevos, en 2012, el Ministerio de Educación lanzó el libro La cultura del emprendimiento en los establecimientos educativos.

Allí se dice que la cultura del emprendimiento no debe limitarse a habilidades que se adquieren en la universidad, sino fomentarse de manera gradual; por ejemplo, de preescolar a media enseñar nociones elementales, y en los últimos años de colegio consolidar las aptitudes para la empresarialidad.

No se puede olvidar que el artículo 13 de la Ley 1014 de 2006 indica que los establecimientos educativos de preescolar, básica y media están obligados a implementar acciones para desarrollar competencias en matemáticas, ciencias, lenguaje y habilidades ciudadanas, que “promuevan el desarrollo de actitudes y contribuyan a la consolidación de la cultura del emprendimiento”. 

Angélica Portilla, directora de Proyectos Educativos del Liceo Mayor Andino, un colegio con énfasis de más de 1.200 estudiantes fundado hace 31 años en Bogotá, indica que los colegios no se deben limitar a los lineamientos y las áreas tradicionales de enseñanza, ya que así los estudiantes, al momento de graduarse, no sentirán una ruptura con la universidad: “Hay una desconexión entre colegios y universidades, pero tendrían que ser entidades articuladas, que desde el colegio haya una visión más clara; que no se eduque desde la memoria, sino desde un aprendizaje significativo; que adquieran herramientas útiles en sus contextos, que luego profundizarán en la educación superior o en lo laboral”.

Agrega que, en su colegio, hasta tercero de primaria se concretan las bases del pensamiento emprendedor, y desde allí trabajan a través de retos y proyectos para que las ideas se conviertan en productos o soluciones. 

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Sobre esto, Óscar Duarte, director nacional de Innovación Académica de la Universidad Nacional de Colombia, dice que la clave es aplicar el conocimiento a contextos reales para que se ponga a prueba lo que se sabe: “La aplicación ayuda a reforzar los aprendizajes, da un sentido al esfuerzo y un contacto con el mundo donde se va a desempeñar; entre más problemas auténticos se trabajen, menos será el salto porque ya se han abordado desde la formación”.

Claudia Santodomingo, emprendedora y profesora del Colegio de Estudios Superiores de Administración (CESA), agrega que es necesario llevar casos a las aulas, poner situaciones, generar diálogos y conversaciones. “Cuando vamos a una clase damos herramientas validadas, que no se quedan en los libros; que el estudiante no solo reciba lo que da el profesor, sino que se fomente el arte de dudar, reflexionar y cuestionar”.

El director Duarte explica que la clave es evaluar constantemente esas innovaciones para ver si se logra el efecto que se busca, pero siempre apoyándose en el conocimiento propicio. “La situación de pedagogía remota no se resuelve con tecnología, se resuelve con buena pedagogía”, indica. 

El consorcio colombiano del Global Entrepreneurship Monitor, GEM, liderado por Rodrigo Varela Villegas, director del Centro de Desarrollo del Espíritu Empresarial de la Universidad Icesi, y con el apoyo de las universidades Javeriana de Cali, del Norte, EAN, Cooperativa de Colombia, Americana y del Caribe, encontró que el punto en el que más se destaca el país en el reporte GEM es en la infraestructura física, con una calificación de 5.76 sobre 10, y el peor es, precisamente, la educación de emprendedurismo en etapas escolares con apenas 3 sobre 5.

El reporte 2019/2020 del GEM indica que en Colombia los jóvenes que se encuentran en edades escolares, entre los 18 y los 34 años, representaron el 52 por ciento de la Tasa de Actividad Emprendedora (TEA por sus siglas en inglés), que mide los emprendimientos creados hace menos de tres años y medio. 

Sobre la educación hacia el futuro, el director Duarte declara que la formación de la universidad debe ser lo más solida posible, porque es imposible prever las circunstancias futuras. “Un estudiante que ingresa hoy a la universidad va a ser profesional en cinco años, en ese tiempo pueden cambiar las cosas y sería un error plantear la formación con carácter inmediatista”, dice.

En este punto, la profesora Santodomingo subraya que en cada etapa de la formación se pueden aplicar proyectos para que, más allá de fomentar el emprendimiento, se pueda “fomentar el ser, el quién soy y para qué estoy acá».

iNNpulsa, además, ha dicho que la formación emprendedora no debe ser exclusiva de quien pueda pagarla, por lo que tiene iniciativas como C-Emprende, que ofrece recursos de forma gratuita y virtual.

Los expertos concuerdan en que la clave es no trabajar de forma independiente, sino que las instituciones de educación básica, media y profesional se deben articular con los sectores productivos para que los estudiantes estén orientados al pensamiento emprendedor, y los graduados tengan las herramientas para el trabajo. 

Para conocer más acerca de cómo el sector educativo puede atender más efectivamente las demandas del sector productivo, lo invitamos a conectarse el próximo jueves 19 de noviembre al Gran Foro “Nuevos talentos para nuevos trabajos: los empleos del futuro”. En este espacio de conversación digital, expertos nacionales e internacionales compartirán sus experiencias y propuestas para adecuar el camino de transición hacia un futuro laboral exigente y cambiante. Inscríbase aquí

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