No hay fórmulas exactas para armar equipos ganadores en las startups pero sí hay tips y también inspiración.

Si eres emprendedor de alma y vas caminando por la vida buscando el sendero del negocio propio, habrás escuchado una y mil veces que el equipo que te rodee será una de las claves en la que se sustente tu emprendimiento o el causal de su caída.

Nada más cierto. Para poner su dinero en riesgo entrepreneur, los inversores se fijan más en el equipo que en la idea. Uno de los puntos que más se analizan en las competencias de planes de negocios, es el equipo emprendedor.

Podemos darte muchos ejemplos más, lo que no podemos darte es una fórmula para formar el team ideal. Armar un buen equipo es más un arte que una ciencia. Sus miembros son seres humanos comunes que buscan hacer cosas extraordinarias, gente que busca dejar huella y trascender. Y nadie puede lograrlo solo; siempre se necesitan las energías complementarias que ayuden a cubrir con las falencias y potencien los talentos.

Un modo inteligente de conformar un buen team es rodearse de gente apasionada por aquellas cosas que uno desconoce o no se apasiona. Por ejemplo, si eres un gran creativo, busca talentos para administrar y vender. O viceversa.

En fin, como decía antes no hay fórmulas exactas pero sí hay tips. Y también inspiración, como este viejo cuento de la India:

“Hace un tiempo, un rey era muy conocido por su excelente capacidad estratégica, gobernaba su región de manera magnífica y todos sus ciudadanos estaban felices. Su fama era tal que llegaba a las comarcas cercanas. Una vez un joven rey de una región vecina fue a pedirle consejos para aplicarlos en su reino. Fue atendido en audiencia, tras unos momentos de charla el rey anfitrión le comentó lo siguiente:

– Lo que hago es rodearme de buenos consejeros. Así que si quieres aprender algo de mí lo mejor es que pases unos días conociéndolos a ellos.

El joven rey se dedicó a estudiar a sus consejeros, se dió cuenta de que era un grupo de seres huraños, cada uno muy especializado en una cosa (números, política, agricultura, cultura…), que parecían nunca estar contentos con nada. Al cabo de unos días se volvieron a reunir y el joven rey le dijo:

¿Cómo puedes estar rodeado de este grupo de personas tan antipáticas que nunca te halagan y sólo buscan fallas en lo que haces?

Los he seleccionado por su sabiduría, no por su simpatía. En los momentos buenos no necesito que me adulen sino que me ayuden a mirar el suelo y seguir caminando humildemente para no caer; y en los momentos malos, me enseñan a aprender de lo sucedido, y a mirar al cielo, para ayudar a levantarme…”

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